viernes, 30 de septiembre de 2016

Oraciones de San Felipe de Neri

Nació en Florencia en 1515. En medio del paganismo que imperaba en el ambiente renacentista romano, Felipe entrega todos sus haberes a los pobres, mientras él ayuna a pan y agua. Pasa los días en obras de caridad, y las noches en las catacumbas de San Sebastián, entregado a la oración y a la penitencia. Alcanza altísima oración. wikipedia



"Quien quiera algo que no sea Cristo,
no sabe lo que quiere; 
quien pida algo que no sea Cristo, 
no sabe lo que pide; 
quien no trabaje por Cristo, 
no sabe lo que hace" 

"Como es posible que alguien que cree en Dios
pueda amar algo fuera de Él".

"¿Oh Señor que eres tan adorable
y me has mandado a amarte,
por qué me diste tan solo un corazón
y este tan pequeño?" 

San Felipe Neri

martes, 27 de septiembre de 2016

DORMÍA SOSEGADO - RUMI


Dormía, sosegado, 
por la brisa fresca cuando, bruscamente una paloma gris
entonó desde la espesura un sollozo cargado de añoranza, 
y me recordó mi propia pasión.

Llevaba tanto tiempo apartado de mi propia alma,
durmiendo hasta tan tarde, pero el sollozo de aquella paloma
me despertó y me hizo llorar. 
¡Alabados sean todos los afligidos madrugadores!

Algunos son los primeros y otros tardan mucho más en llegar.
Dios bendice a ambos y a todos los que hacen cola, 
y repone lo que se ha consumido, 
y provee a los que aran la tierra de la desesperanza,
y bendice a Mahoma y a Jesús y a todos los demás mensajeros y profetas. 

Amén y que el Dios de todos los seres creados te bendiga

[Rumi]

domingo, 4 de septiembre de 2016

¿POR QUÉ SE CREÓ EL UNIVERSO?



Uno de los hadiths (textos que recuperan las comunicaciones orales del Profeta en el Islam) más citados es el siguiente: “Yo era un tesoro oculto que quería ser conocido; por eso creé el mundo”. La frase constituye una de las más entrañables explicaciones para responder al por qué la Divinidad o el Uno Inefable, perfecto en sí  mismo, pudo tener un motivo para crear el universo. Según Henry Corbin esta máxima está en el centro de la cosmogonía Al-Akbariyya de Ibn Arabi, probablemente el más grande metafísico sufí. 
Glosa el místico andaluz Ibn Arabi:
Cuando Dios quiso considerar las esencias de Sus Nombres perfectos cuyo número es infinito –y si prefieres se puede decir también cuando Él deseó ver Su propia esencia en un objeto global el cual, habiendo sido bendecido con la existencia, resume la totalidad del orden divino para que ahí Él pudiera manifestar Su misterio a Sí mismo. Puesto que la visión que un ser tiene de sí mismo y en su sí mismo no es la misma que otra realidad procura para él, y la cual él usa para sí como un espejo (en esto, él se manifiesta a sí mismo a su ser en la forma que resulta del “lugar” de la visión…) Así el orden Divino requirió clarificar el espejo del mundo, y Adán se volvió la luz misma del espejo y el espíritu de esta forma. 
Su traductor Titus Burckhardt comenta “Adán no es más que la forma divina, creada por Dios, para recibir  su propia revelación, con esta variación de una realidad distinta –el receptáculo puro en el que se derrama”. Adán es el vaso-espejo bruñido de la creación divina y el universo entero es el escenario de su florecimiento: es a través de los fenómenos, las formas, las sensaciones, y las experiencias que Dios se desoculta.
Yo era un tesoro oculto que quería ser conocido; por eso creé el mundo, donde “quería” es  (ahbatu) quizá es mejor traducido como “yo amaba ser conocido” y a veces se añade al hadit: “por eso creé a la criaturas y me hice a ellas conocido, para que me conocieran. De aquí que, Ibn Arabi mantenga también que la creación macrocósmica se origina en el amor divino y que, el amor y la sabiduría, son dos aspectos de lo mismo, y a fin de cuentas inseparables. 
La frase recuerda también la metáfora que utiliza Ibn Arabi frecuentemente de que la creación es el espejo en el que Dios se ve a sí mismo y la aparición del ser humano (el ser humano arquetípico, Adán) es el pulido o bruñido del espejo. Es por ello que la labor mística es una contemplación de la belleza de la verdad y el místico puede extinguirse, es decir dejar de percibirse como un ser individual separador, a través de la contemplación.  
Sobre este mismo hadith, Frithjof Schuon comenta en su libro La Unidad Trascendente de las Religiones
[El hadith] significa que el Absoluto quiere ser conocido desde el punto inicial de lo relativo. ¿Pero por qué? Porque esto es una posibilidad en lo que respecta a la ilimitabilidad de la Posibilidad Divina: una posibilidad y entonces algo que no puede más que ser, algo cuyo “por qué” reside en lo Infinito.
Ibn Arabi escribe en el Tratado de la Unidad:
Cuando te conozcas verdaderamente a ti mismo, te desharás de tu doblez y comprenderás que no eres distinto de Allah, pero mientras tengas una existencia “distinta de Allah”, no conseguirás sofocar tu existencia ni conocerte a ti mismo… El conocimiento de ti mismo consiste en comprender que tu existencia no es real y que tu existencia no es nada, pues tu no eres, no has sido y no serás jamás.
Así podemos decir también que este proceso gnóstico de revelar lo oculto (la deidad) que es el cosmos entero, ocurre también en un plano microcósmico, cuando el hombre se conoce a sí mismo y descubre que no es, que sólo existe la divinidad que brilla como una gema al interior de una cueva. Esto mismo es mostrado por el tercer giro de la rueda del Dharma, en el que Buda Shakiamuni revela que todos los seres vivos tienen un embrión búdico o una naturaleza búdica inherente, llamada tathagatagarbha.  
El universo se revela como espacio de conocimiento, toda la vasta expansión del cosmos una extensión gnóstica que no diferencia entre “ser” y “conocer”. Cada parte, el fragmento de un espejo teomórfico en proceso de totalizarse.  En el budismo tántrico vajrayana se dice que los fenómenos son deidad. “Ya que el sujeto ve toda la existencia como deidad-sabiduría,  los incontables objetos son naturalmente percibidos como los fenómenos puros de los Budas… Los practicantes creen que toda la existencia, incluyendo este universo, es puro porque el sujeto de hecho es nuestra propia mente original, y nuestra propia mente original es la sabiduría”, escribe Thinley Norbu Rinpoche. La mente original del sujeto es la mente absoluta, igual al Dharmakaya, al espacio de todos los fenómenos, al cuerpo mismo de la deidad (aunque en el budismo tradicional no se utilice lenguaje teísta). En suma, podemos decir que los fenómenos y todas las manifestaciones del universo no son más que desdoblamientos  del autoconocimiento de Dios, es decir, la esencia más profunda del universo, su constituyente fundamental, es la sabiduría, las cosas están hechas de sabiduría y para la sabiduría.   
Soy el otro yo de Dios, Él puede en mi apercibir
lo que desde la eternidad fue irradiado en su propia imagen.
Angelus Silesisus
Preguntas cuál es el principio de todo esto:
Y es esto…
La existencia que se multiplicó por sí misma
Por el puro deleite de ser
Y se proyectó en trillones de seres
Para que pudiera encontrarse a sí misma
Innumerablemente.
Sri Aurobindo


miércoles, 31 de agosto de 2016

6 JESÚS EL CRISTO, JESÚS Y EL HOMBRE MODERNO



JESÚS EL CRISTO, SEGÚN SIVANANDA (Senda Divina)

Jesús y el hombre moderno

En verdad que Jesús derramó su sangre en la Cruz por la redención de su pueblo. Mas ahora, desde su asiento eterno en el Reino de dios, su corazón divino y compasivo sangra aún más profusamente. Pues las gentes de su época ignoraban la ley y por ello erraron. Pero la gente del mundo moderno tiene ahora la luz resplandeciente de la vida y las enseñanzas de Jesús, que iluminan el sendero de la rectitud. Y, sin embargo, caminan a sabiendas por el sendero de la oscuridad, la ignorancia, el pecado, el egoísmo, la sensualidad y la aflicción. Si su corazón misericordioso derramó su sangre por los pecadores ignorantes, ¡cuánto más no lo hará ahora por los pecados de quienes yerran ignorando Su Luz!

¿Es este el modo en que espera la humanidad mostrar su gratitud al Salvador? No y mil veces no. Nunca es demasiado tarde para corregirse. Estudia de nuevo los Evangelios. Medita en la forma resplandeciente, espiritual y divina de Jesús. ¡Cuán dulce, cuán compasivo, cuán suave y amable era! Y, sin embargo, no fue indulgente consigo mismo. Se alejó resueltamente de Satanás, no porque pudiese ser tentado, sino para darnos ejemplo.

Las pruebas y tentaciones surgen para ser vencidas por los valientes. Las pruebas y las situaciones dolorosas se producen para fortalecer tu mente y purificar tu corazón. Son, por así decir, los sabios que descubren al Jesús que hay en ti. Sucumbir a esas pruebas supone una debilidad.

Ayunar, orar, discriminar y vencer esos obstáculos con ayuda de la gracia del Señor supone un heroísmo espiritual. Cuando se logra la victoria, la verdadera humildad de sentir, realizar y proclamar que fue la gracia del Señor lo que te capacitó para ello. La humildad es virtud, la debilidad es pecado. Aprende esta importante lección de la vida de Jesús.

Estudia una y otra vez el Sermón de la Montaña. Medita sobre él. Escoge una tras otra las instrucciones del Señor y esfuérzate mes tras mes diligentemente en ponerlas en práctica. Así crecerás hasta convertirte en un digno hijo de Jesús. Así reencarnarás a Jesús en tu propio corazón. 

Hoy día hay muchas personas que siguen sincera y verdaderamente las enseñanzas del Salvador. Jesús se ha reencarnado en sus corazones para guiarte y conducirte hacia el Reino de Dios, en donde tiene su asiento supremo. ¡Que todos caminéis por el sendero que Jesús estableció! ¡Que todos seáis encarnaciones vivas del Sermón de la Montaña! ¡Que realicéis el Reino de Dios dentro de vosotros mismos aquí y ahora!



domingo, 21 de agosto de 2016

5 JESÚS EL CRISTO. SU VIDA



JESÚS EL CRISTO, SEGÚN SIVANANDA (Senda Divina)

La Vida de Jesús

Jesús fue la encarnación de sus propias enseñanzas. En Él podemos contemplar la santidad, bondad, amabilidad, misericordia, dulzura y justicia perfectas. El dijo: «Yo soy la Verdad, el Camino y la Vida». Fue la encarnación de todo lo mejor, lo más sublime y lo más bello. Constituye el modelo o ideal más perfecto de la humanidad. Fue un filósofo, profeta, preceptor y reformador. Siempre practicaba cuanto enseñaba.

Sobre la personalidad tan sublime de Jesucristo descansaba, como un manto divino, una pureza inmácula y casi sobrenatural. Su vida fue una bella combinación de Ñana, Bhakty y Karma. El ideal del desarrollo integral de la cabeza, el corazón y la mano, hizo de su vida un modelo para que la humanidad lo imite durante toda la eternidad.

Cristo era siempre consciente de su identidad inseparable con el Ser Supremo. Sin embargo, la devoción y el amor profundos hacia el Dios personal también encontraban constantemente expresión en él en forma de oraciones, alabanzas y ensalzamiento. En su vida diaria, Jesús era la verdadera personificación del espíritu del Karma Yogui. Su vida entera, fue un continuo ministerio hacia los afligidos. Sus pies se dirigían sólo hacia donde su ayuda fuese requerida. si sus manos se movían, lo hacían sólo en ayuda del afligido y del oprimido. Su lengua hablaba sólo para proferir palabras suaves y dulces de compasión, consuelo, inspiración e iluminación.

Con el solo brillo de sus ojos yóguicos y luminosos, Jesús despertaba, elevaba y transformaba a todos aquellos hacia quienes dirigía su mirada. Sentía, pensaba, hablaba y actuaba sólo para el bien de los demás. Y en medio de todo ello, experimentaba conscientemente e ininterrumpidamente la frase: «Yo y mi Padre somos uno». Su vida fue la de un sabio en Sahaya Samadhi.

La vida de Jesús manifiesta un heroísmo silencioso, aunque supremo, ante la oposición, persecución e incomprensión más radicales. Él dio ejemplo de cómo el aspirante rechaza las tentaciones en el sendero espiritual. Mucho antes del drama externo de la crucifixión, Jesús se había ya crucificado a sí mismo voluntariamente, aniquilando al ser inferior y viviendo una vida puramente divina.

Jesús era el mismo Dios. La Sagrada Escritura nos lo recuerda una y otra vez. Sin embargo, ¿por qué tuvo que padecer tanta persecución y sufrimiento? ¿No podía acaso haber arrasado a sus enemigos con el simple ejercicio de su voluntad divina? Sí, pero la encarnación suprema del amor que era Jesús deseaba que su propia vida fuese un ejemplo a seguir por las gentes. Por ello, se comportaba como cualquier otro ser humano, dando ejemplo al hacerlo así, durante su corta y memorable vida.